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	<title>Sportula &#187; Reseñas</title>
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		<title>La sabiduría de los muertos, reseña</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Feb 2012 17:35:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sportula</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Sherlock Holmes]]></category>

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		<description><![CDATA[Rescatamos una reseña de Pedro Jorge Romero, quizá el primer comentario que circuló en la web sobre <strong>La sabiduría de los muertos</strong> poco después de la publicación original de la novela en 1996.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>Pedro Jorge Romero</h2>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft" src="/wp-content/plugins/items/portadas/sabiduria_muertos.jpg" alt="" width="148" height="220" />A Rodolfo Martínez le gustan muchas cosas: los comics de Superman, Borges, Stephen King&#8230; y también Sherlock Holmes. De hecho, al terminar de leer este libro, el lector está autorizado a pensar que la figura del gran detective más bien le obsesiona. Convertir la obsesiones en literatura puede tener consecuencias terribles (véase por ejemplo, la torpe e infantil referencia a La Cosa del Pantano al final de una novela espléndida como<em>Tierra de Nadie: Jormungand</em>). Podría pensarse por tanto que estamos frente a un pastiche más bien tonto. Gran error, porque lo que en otras situaciones son defectos de Rodolfo Martínez se convierten aquí en grandes virtudes, dando lugar a una narración ágil, interesantes y precisa. El resultado es una de las mejores narraciones que ha producido su autor.</p>
<p style="text-align: justify;">La novela comienza adecuadamente con un juego muy en plan <em>El nombre de la rosa</em>. En la primera introducción (en un libro que realmente parece titularse <em>La sabiduría de los muertos. Una aventura de Sherlock Holmes. Narrada por el doctor Watson. Traducida por Rodolfo Martínez</em>) Rodolfo Martínez, convertido en personaje de su propio libro, nos cuenta como un amigo le hace llegar unos manuscritos inéditos del doctor Watson, su fascinación al leerlos y sus esfuerzos en traducirlos (advirtiéndonos además de la existencia de otros manuscritos por traducir). En la segunda introducción es el propio doctor Watson el que nos informa de sus razones para escribir la narración, impulsado por la aparición de un escritor de relatos pulp (al leer el adjetivo «sobreadjetivado» el lector sospecha inmediatamente quién podría ser el escritor en cuestión). A partir de ese punto nos adentramos directamente en el misterio, en el que personajes reales (como Arthur Conan Doyle) interaccionan con personajes de ficción.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo eso podría haber acabado en una pastiche más o menos adecuado si no fuese por el rigor con que Rodolfo Martínez ha creado la narración. En primer lugar, rigor al recrear el universo de Conan Doyle y en particular las narraciones de Sherlock Holmes. Y rigor también al hacer uso de la referencias, que van desde <em>Alicia a través del espejo</em> hasta el <em>Sandman</em> de Neil Gaiman. Nada sobra y nada falta; todo está perfectamente medido y encajado en la narración para que se convierta en parte integrante de la misma y cada elemento se apoya en los otros para conseguir un resultado que es mayor que la suma de sus partes. El resultado final no es sino un espléndida narración, especialmente porque Rodolfo Martínez ha sabido escribir con Sherlock Holmes una historia de Rodolfo Martínez.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Reproducido con permiso del autor.</em><br />
<em> Publicado originalmente en<a href="http://www.archivodenessus.com/rese/0066/" target="_blank"> El archivo de Nessus</a></em><br />
<em> © 1996, Pedro Jorge Romero</em></p>
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		<title>Cabos sueltos, reseña</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Feb 2011 11:14:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sportula</dc:creator>
				<category><![CDATA[Drímar]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Santiago Gª Solans repasa en detalle <strong>Cabos sueltos</strong>, segundo volumen del ciclo de Drímar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>por Santiago Gª Solans</h2>
<p><img class="alignleft" title="Cabos sueltos" src="/wp-content/plugins/items/portadas/grande/cabossueltos_peq.jpg" alt="Cabos sueltos" height="420" />Continuando con la recopilación de las historias situadas en el universo de <em><strong>Dríma</strong></em><em><strong>r</strong></em>, este segundo volumen contiene tres narraciones, una de ellas inédita y dos ya publicadas ―alguna de ellas varias veces― con anterioridad:</p>
<p>Se abre el libro precisamente con la novedad: <em><strong>Bailando en la oscuridad</strong></em>. Situando la acción en la «resucitada» ciudad de <strong>Neoyorquia</strong>, que va recuperando poco a poco el esplendor perdido aunque todavía se encuentra muy lejos de ser lo que fuera en el siglo XX y desde luego dista mucho de los actuales oropeles de la capital, Drímar. En la ciudad, el detective privado, <strong>Roy Córdal</strong>, ex soldado y ex policia, se verá envuelto en un turbio asunto de drogas y asesinatos cuando una antigua conocida le pida que investigue en qué sucios asuntos se están internando un grupo de alumnos del instituto en que ella trabaja. Las derivaciones del caso pronto se revelarán mucho mayores de lo que aparentaban, con la vuelta de una temible droga pre interregno y antiguos asuntos sin resolver.</p>
<p>Es esta una historia de dobles vidas, de personas que llevan existencias secretas al margen de lo que de ellas conocen los que permanecen a su lado en el día a día. Y es también una historia de amores equivocados, enfermizos incluso, y de algunos rescoldos antiguos que, sin embargo, todavía calientan el corazón. La trama desvelará por un lado la doble vida de la estudiante que guarda un secreto para todos los que la rodean, que busca una salida a su verdadero ser encerrado en la rígida fachada que le impone su existencia y que se convierte de esa manera en juguete del destino; por otro, la del hombre de importancia que muestra un rostro a la sociedad mientras interiormente oculta su despreciable verdadera forma de ser. Y aún por un tercer lado, la del joven que sucumbe a sus pasiones interiores sin llegar a mostrarlas al exterior.</p>
<p>Jugando con los papeles que los estudiantes ensayan para una obra teatral del instituto, <strong>Martínez</strong> aprovecha en esta ocasión para hablar sobre las máscaras invisibles que portan los protagonistas ―que no son sino las que llevamos todos― y que muestran a los demás a través de un rostro que no es el auténtico, actores todos ellos de un drama que no han escrito, interpretando ante el resto del mundo sus propias vidas, con dos directores de escena, en las sombras, dirigiéndolo todo y forzando los destinos.</p>
<p><a href="http://4.bp.blogspot.com/_yzoq6ArgK80/TRnJpXuTQ5I/AAAAAAAACYo/yY1_qTzX6kk/s1600/ultimatumaltierra1.jpg"></a>El segundo relato, también protagonizado por Roy Córdal, es <em><strong>El robot,</strong></em> <em>premio </em><em><strong>Ignotus</strong></em><em> de relato de </em><em><strong>1996</strong></em>. El autor nunca ha ocultado su «amor» y admiración por la obra de <strong>Isaac Asimov</strong>, así que seguramente era inevitable que en algún momento de su carrera literaria escribiera su particular homenaje a una de las más conocidas de las creaciones asimovianas: <em>las leyes de la robótica</em>. Al igual que, tras crear las tres leyes, muchos de los relatos «robóticos» de Asimov se centraron en ver cómo las mismas podían ser burladas o evitadas, Martínez sumergirá a su detective en la resolución de un crimen aparentemente imposible.</p>
<p>Después de haber participado en su inicial «formación» conviviendo un tiempo con él, Córdal es requerido para esclarecer cómo es posible, si es que es posible, que <strong>RAL-33</strong> ―Robot con las Leyes de Asimov, prototipo número 33―, también conocido como <strong>Ralo</strong>, haya asesinado a uno de los científicos implicados en su desarrollo.</p>
<p>Se trata de un relato en el que Martínez vuelca gran parte de sus pasiones, con un buen número de referencias a relatos del propio Asimov, a películas y libros de la ciencia ficción clásica o a canciones de la cultura pop del siglo pasado, muchas de ellas directamente nombradas y otras rastreables ocultas en el propio texto, y que empezando con cierta sensación de ingénuo optimismo ―la consecuciónde un logro científico largamente aspirado― termina con un terrible poso de amargura. A pesar de su brevedad, y de una escritura se podría decir que «convencional» se antoja sin duda el más redondo de los tres relatos del volumen.</p>
<p>Cierra el mismo <em><strong>Este relámpago, esta locura,</strong></em> <em><strong>Mención especial del Premio UPC 1998</strong></em> y <em>premio </em><em><strong>Ignotus</strong></em><em> de novela corta en </em><em><strong>2000</strong></em>. Ambientada muchos años después de los dos anteriores, es esta una muy particular historia de <strong>superhéroes</strong> ―o de superhéroe, en singular―, donde el autor da rienda suelta a su pasión con un curioso homenaje por este género en general y por Superman en particular, con una ambientación que remite directamente al <em><strong>cyberpunk</strong></em>. En otro alarde estilístico, manejando habilidosamente todos los recursos que la escritura y al ciencia ficción le permiten, Martínez ofrece al lector una doble narración en el tiempo, con dos voces distintas, la de <strong>Pierre de Charden</strong>, un sacerdote-profesor inmerso en una profunda crisis de fe, que desde su presente recuerda hechos acaecidos veinticinco años atrás, y la de <strong>Cara</strong>, una curtida e irónica <em>ciberpirata </em>amiga del mismo, que se muestra al lector a través de una serie de recuerdos o memorias volcadas y encerradas en un cristal de datos en poder de De Charden. La tarea recibida por el sacerdote de boca de sus superiores en la Orden de vigilar con especial atención a uno de sus alumnos, <strong>Karl Kennington</strong>, pronto revelerá presentar más complicaciones de las esperadas, y a las dudas crecientes sobre sus tambaleantes valores se va a unir la certeza de que la <strong>Orden Soyatu </strong>maneja una agenda oculta que poco o nada tiene que ver con el culto que han estado predicando durante largo tiempo.</p>
<p>A pesar de la pasión que destila, o precisamente por eso, es este un relato amargo y triste. El protagonista, De Charden, se debate entre el conocimiento de su propia cobardía pretérita y el recuerdo, doloroso, de los hechos que le llevaron allí. Es un hombre atormentado por los «fantasmas» de su pasado, por lo que debió haber hecho y lo que pudo haber sido. Solo su propia mano, aceptando el «soborno» de la Orden ―el ascenso a su curia―, ha permitido que las cosas hayan llegado donde se encuentran en ese momento. Desde el principio el sacerdote es un hombre marcado, amargado, un profesor que estableciera relaciones carnales con una de sus alumnas, y que cuando llegó el momento de dar el necesario paso adelante en defensa de sus principios se vino abajo, traicionándose a sí mismo. Tal vez ahora, tanto tiempo después le haya llegado la hora de la redención.</p>
<p>Desde la óptica de otra de sus pasiones confesas, los <em>comic-books</em> de superhéroes ―como también se puede observar en las últimas entregas de su serie dedicada a <em><strong>Sherlock Holmes</strong></em>―, Martínez ofrece su particular análisis sobre las posibles motivaciones e impulsos del superhombre, haciendo su reflexión personal sobre la famosa <em>gran responsabilidad</em> que acarrea todo <em>gran poder</em>; sobre la supuesta e imperiosa implicación del héroe en los asuntos del mundo que debería llevarle a tomar partido entre el Bien y el Mal, luchando contra el crimen o formando parte del mismo; o sobre si, más bien, el individuo dotado de esos poderes se decantaría por la búsqueda de la tranquilidad, de una paz que se antoja totalmente imposible de conseguir, apartándose del mundo condenándose a la soledad. A partir de una habilidosa deconstrucción del origen del mito, visto en esta ocasión desde una óptica absolutamente cientifista, el autor ofrece su particular visión sobre el intento de forzar a alguien a hacer aquello que no quiere y de los catastróficos resultados que suele acarrear.</p>
<p><a href="http://2.bp.blogspot.com/_yzoq6ArgK80/SQtD5KYED2I/AAAAAAAAAmw/wZRIeA3zKlU/s1600-h/Rodolfo+Martinez.jpg"></a></p>
<p>Entre los comics atesorados por el protagonista y la creación del ficticio escritor <strong>Mijail Strasinsky</strong>, cuyo análisis de alguna de sus obras le permite al autor defender o plantear algunas de sus propias ideas, Martínez establece un particular juego metaliterario con los lectores, un cruce de referencias reales e inventadas con el que aprovecha para volcar allí sus filias y fobias y empujar a los protagonistas en direcciones concretas que tal vez de otra manera no hubieran tomado, planteando a través de las obras inventadas las preguntas que le interesa sean formuladas. El demoledor final ayuda a que la reflexión implícita sea más sorprendente si cabe.</p>
<p>Aunque de alguna manera parece fácil afirmar que el hilo conductor o la relación entre las tres obras recogidas en este volumen es la temática en la que se engloban, entre el thriller y la serie negra, siempre inmersos en la ciencia ficción muy personal del autor, en que todas ellas se desarrollan, se podría decir sin embargo que existe otra conexión «subterránea», aunque bastante evidente, entre los tres, y es la continua presencia, a veces soterrada de fondo, a veces con un papel instigador de la acción, de la <strong>Orden Soyatu </strong>―cuya mano ya se dejaba notar en los relatos incluidos en <em><strong>El carpintero y la lluvia</strong></em>― e implícitamente por tanto del papel de la religión en esa sociedad futura. Es curioso cómo el autor gira en muchas de sus historias en torno al tema de las creencias, de la existencia ―o más bien inexistencia― de poderes superiores, y del peligro de las religiones organizadas mostradas en todo caso como instituciones perversas que solo buscan su propio beneficio terrenal, como si se encontrase embarcado en una particular cruzada para dejar bien claras sus postulados ateistas, aunque con tesis algo contradictorias en ocasiones. Como trasfondo de sus historias, es tan recursivo que casi se antoja una obsesión personal, aunque quizá sin mayor importancia.</p>
<p>De todas maneras, con una narración efectiva, muchas veces sorprendente, con una voz cercana y al tiempo usando recursos ciertamente atractivos e impactantes ―aunque quizá ya no tan arriesgados como los usados por ejemplo en <em><strong>Una agujero por el que se cuela la lluvia</strong></em>―, las historias incluidas en <strong>Cabos sueltos</strong> siguen siendo una lectura obligada para poder hacerse una imagen completa de ese futuro distópico que a lo largo de los años ha estado creando Martínez, al tiempo que se disfruta de una ciencia ficción inteligente llena de misterios que resolver en un perfecto maridaje entre serie negra y ficción especulativa.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Reproducido con permiso del autor.<br />
Publicado originalmente en Lothlorien<br />
© 2010, Santiago Gª Solans</em></p>
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		<title>El carpintero y la lluvia, reseña</title>
		<link>http://www.sportularium.com/2011/01/14/el-carpintero-y-la-lluvia-resena/</link>
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		<pubDate>Fri, 14 Jan 2011 16:26:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sportula</dc:creator>
				<category><![CDATA[Drímar]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Santiago Gª Solans habla del primer volumen del ciclo de Drímar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>por Santiago Gª Solans</h2>
<p><img class="alignleft" title="Cabos sueltos" src="/wp-content/plugins/items/portadas/grande/carpinterolluvia.jpg" alt="El carpintero y la lluvia"  height="420" />Con este volumen inicia el autor la recopilación ordenada de su producción situada en su «universo» de Drímar, dentro de su «aventura» editorial para la que ha creado <em>Sportula</em>. Drimar se encuentra en una Tierra ficticia, en una realidad paralela escindida de la nuestra en la década de los 80 del siglo pasado, que el autor desarrolló como telón de fondo de un buen número de obras de sus inicios como escritor. Como si una especie de «Historias del futuro» se tratara, pero de un futuro que no se corresponde con el nuestro, Martínez creó toda una completa y muy interesante cronología de hechos destacados en la que fue situando la acción de un buen puñado de relatos, rellenando los huecos pertinentes de diversos puntos importantes, claves para el desarrollo de la sociedad surgida de una hecatombe nuclear, y de su expansión y reconstrucción del mundo.</p>
<p><strong>El carpintero y la lluvi</strong>a recoge tres de esos relatos ―dos novelas cortas y un cuento― y unos cuantos apéndices que apoyan la narración y la complementan a la perfección (la cronología de Drimar, por ejemplo, es casi un relato en sí misma; al tiempo que su lectura hace desear que al autor hubiera profundizado más en algunos de los hechos reseñados). Son obras de un autor todavía «en construcción», que se encuentra experimentando con su estilo y con los límites que le impone el marco narrativo, profundamente valientes y arriesgados ―sobre todo el primero, <em>Un agujero por el que se cuela la lluvia</em>, que aúna la dificultad temática a la estilística en una apuesta un tanto extravagante y compleja―.</p>
<p>Es así <em>Un agujero por donde se cuela la lluvi</em>a un ejercicio literario de alto riesgo, donde el autor mezcla los narradores y sus puntos de vista, utilizando indistintamente la primera y tercera persona, fundiéndolos todos en párrafos que hasta que uno se acostumbra van de lo farragoso a lo confuso. Es difícil hacerse con la narración, introducirse a fondo en el relato; hace falta mucha concentración y tranquilidad. Se mezclan en la misma frase diferentes sujetos sin discontinuidad, narrando diferentes hechos, enredando pensamientos y acciones. El lector se encuentra con que una frase de un personaje se ve interrumpida por la de otro y tiene que ir a buscar su continuación una línea o dos más adelante. En muchas ocasiones se debe volver atrás, repasando lo leído para encajar todo en su sitio, para ver en cada momento cuál es el narrador, siempre cambiante, y dónde se encuentra el marco de referencia.</p>
<p>En una estación orbital situada en el punto L3 orbitando en torno a la Tierra se lleva a cabo, entre otras labores, un estudio sobre la psicología humana. Al lugar arriba un joven autista con graves deficiencias físicas que sin planteárselo desatará terribles y luctuosos hechos. En lo que aparenta ser una olla a presión sin válvula de escape y a punto de explotar, cualquier pequeño detalle puede ser el detonante de una tragedia. La narración navega procelosamente entre un marasmo de relaciones inestables, de egos frágiles, de personalidades desequilibradas, de envidias encubiertas, de odios declarados, de dolorosa indiferencia, de sentimientos heridos&#8230;</p>
<p><em>Un agujero por donde se cuela la lluvia</em> es, sin duda, una lectura exigente, dura en muchas ocasiones, críptica en grado sumo en otras, y que defraudará muy posiblemente a quienes busquen una narración más convencional. La verdad es que cuesta entrar en el juego estilístico del autor y un final «abierto» ―por decirlo de alguna manera― y en cierta forma frustrante tras lo arduo de haber llegado hasta alllí no ayuda precisamente a su disfrute. Sin embargo, si el lector consigue hacerse con la estructura y esencia interna, con el mensaje básico, profundiza en los personajes y conecta con sus ansias y pensamientos, se libra de prejuicios, salta sin red hasta otro planeta y vuelve a L3, va a conseguir algunos de las claves para interpretar y entender hechos que le serán narrados en otros relatos de este particular futuro.</p>
<p><em>La carretera</em> es, aparentemente, el más sencillo y lineal de los tres relatos, además del más breve. Una exploración de una carretera interminable que recorre sin fin un planeta inhóspito e inhabitable llamado Bluyeiuey que cambia de «ambiente» de forma aleatoria ―puede pasar de un instante al siguiente, sin aviso previo, de una atmósfera perfectamente respirable a otra de metano, matando a los exploradores sin la preparación adecuada que se atrevan a enfrentar su misterio― y cuyas particulares circunstancias bloquean la comunicación órbita–superficie, impidiendo el seguimiento de aquellos que bajan al planeta. Debido a ello, y a la poca rentabilidad real de la exploración, las corporaciones que todavía buscan un beneficio del planeta, envían allí a la escoria de la Humanidad, criminales convictos que buscan redimir sus culpas arriesgando sus vidas en el intento. Uno de ellos, superviviente más allá del periodo promedio, avanza por la carretera hacia su futuro a la vez que elucubra sobre las causas que le han llevado hasta allí, mientras desentraña algunas de las claves para haber sobrevivido durante tanto tiempo en un ambiente claramente hostil, y no solo por el planeta en sí, sino también por el tipo de individuos que comparten sus exploraciones.</p>
<p>El lector asiste aquí a un retrato de la soledad en un ambiente adverso, mostrando lo que la ausencia prolongada de compañía ―humana o de cualquier tipo― puede hacerle a la mente, a los procesos cognitivos y a la estabilidad psíquica, sobre todo cuando el sujeto narrador ya partía de un cierto desequilibrio. El reflejo de esa búsqueda de lo ignoto simplemente por descubrir sus secretos que tantas veces mueve a los seres humanos o cómo las corporaciones no dudan en sacrificar las vidas de sus equipos exploradores tan solo con la escasa esperanza de la mínima posibilidad de descubrir qué se encuentra tras las puertas que en ocasiones aparecen en los extraños desvíos de la carretera.</p>
<p>La tercera historia, <em>El alfabeto del carpintero</em>, enlaza casi directamente con el anterior relato, ya que la acción recoge la experiencia de dos supervivientes de un pelotón militar que en una acción evasiva en el espacio, cayeron y quedaron varados en la superficie de Bluyeiuey, sobreviviendo contra toda esperanza a las terribles condiciones a las que fueron sometidos tan solo para descubrir tiempo después que sus vidas no han vuelto a funcionar como deberían y que llevan unas secuelas que quizá no se puedan ver a simple vista, pero que lastran su existencia con una carga difícilmente soportable de acarrear.</p>
<p>Es esta una historia de amor un tanto extraña, de una búsqueda de significados cuando es muy posible que los mismos ni siquiera existan, de cómo reaccionan los seres humanos ante lo incomprensible, ante aquello que los supera y no pueden explicar, del dolor de la pérdida y de la culpabilidad inherente al haber sobrevivido cuando todas las opciones estaban en contra y tantos otros no lo consiguieron. De la irrupción de lo inexplicable, por imposible, en la vida de los supervivientes y las reacciones ante ello de los implicados.</p>
<p>El tema que acecha en el fondo de los tres relatos es el de la locura en sus muchas y diversas variantes, un intento de diseccionar en cierta forma lo oculto de la psique humana, de sus recovecos más íntimos y secretos donde las sombras toman forma y traicionan los verdaderos sentimientos. Magníficamente trabajados, con perfectos retratos de sus protagonistas, los relatos ya muestran los derroteros por donde habría de discurrir la carrera literaria de Rodolfo Martínez en esos sus primeros años de publicación ―incluida su tan característica «cruzada» ateista―. La unión del fondo musical, casi una banda sonora propia, de los tres relatos es una costante realmente interesante; desde los estudios de Laoché Hernández al nombre del fascinante planeta o al de cierta droga utilizada para evadir la realidad, Martínez da rienda suelta a sus propios gustos musicales en un curioso juego de empatía con el lector cercano a su generación.</p>
<p>Completan el volumen una serie de apéndices de interés variable, en el que destaca, como ya he señalado, la propia cronología del mundo de Drímar, y que sirven de apoyo a la narrado anteriormente y a lo que todavía queda por venir. Es esta una interesante oportunidad de recuperar unas obras que actualmente eran inencontrables y que forman parte de la particular historia de la ciencia ficción patria con un autor que ya es parte de su historia. Recomendable, pero con matices, dado que la complicación, sobre todo estilística, del primer relato puede echar para atrás a ciertos lectores más acomodaticios o que no estén buscando quebraderos de cabeza sino una lectura más ligera. No decepciona, pero no cabe duda de que el lector debe poner mucho de su parte para culminar la tarea.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Reproducido con permiso del autor.<br />
Publicado originalmente en Lothlorien<br />
© 2010, Santiago Gª Solans</em></p>
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		<title>El carpintero y la lluvia, vídeo reseña</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Nov 2010 05:14:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sportula</dc:creator>
				<category><![CDATA[Drímar]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Jaime Santamaría habla en profundidad del primer libro del Ciclo de Drímar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="640" height="385"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/EA0f6LQH7pQ?fs=1&amp;hl=es_ES"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/EA0f6LQH7pQ?fs=1&amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"></embed></object></p>
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		<title>El adepto de la Reina (reseña)</title>
		<link>http://www.sportularium.com/2010/10/02/el-adepto-de-la-reina-resena-3/</link>
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		<pubDate>Sat, 02 Oct 2010 08:58:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sportula</dc:creator>
				<category><![CDATA[El adepto de la Reina]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Juanma Santiago habla de <strong>El adepto de la Reina</strong>, candidata a los Ignotus 2010 en el apartado de mejor novela.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>por Juanma Santiago</h2>
<p><img class="alignleft" title="El adepto de la Reina" src="/wp-content/plugins/items/portadas/grande/adeptoreina.jpg" alt="El adepto de la Reina" height="420" />Cuando alguien me pregunta qué me parece y de qué va <strong>El adepto de la reina</strong>, de Rodolfo Martínez, lanzo una boutade que cada vez me lo parece menos: es una novela de James Bond ambientada en el universo de las<strong> Crónicas de Ámbar</strong>. Y, bueno, es cierto que se trata de una boutade y que la cosa no es exactamente así, pero mis interlocutores se hacen una idea, que no es poco.</p>
<p>Debo esta reseña desde hace casi un año, y los azares del destino quieren que la publique justo la semana antes de que finalice el plazo de votación de los premios Ignotus 2010. Cierto es que, a priori, parece que los favoritos para llevarse el monolito son <strong>La última noche de Hipatia</strong>, de Eduardo Vaquerizo (Alamut), y <strong>La red de Indra</strong>, de Juan Miguel Aguilera (también en Alamut), con el detalle mainstream de haber incluido <strong>Fin</strong>, de David Monteagudo (Acantilado), y un candidato más que potencial a protagonizar el relevo generacional en esta misma edición de los premios: <strong>Alarido de Dios</strong>, de José Miguel Vilar-Bou (Sirius). Frente a este cuarteto, <strong>El adepto de la reina</strong>, de Rodolfo Martínez (Sportula), ocupa un lugar entre ambivalente e inclasificable.</p>
<p>Por un lado, al tratarse de uno de nuestros autores más prolíficos y habituales en el palmarés del premio, parece una apuesta casi segura, un fijo en las quinielas.</p>
<p>Por otro lado, <strong>El adepto de la rein</strong>a es el título inaugural de algo que el propio autor define como un experimento: <em>Sportula</em>, una editorial creada por Rodolfo Martínez con la intención de editar su propia obra, que a estas alturas es demasiado extensa y dispersa y, ay, descatalogada en la mayoría de los casos. <em>Sportula</em> es lo que en los años dorados del fándom habríamos llamado una fanedición, pero en estos tiempos 2.0 no sólo no lo es sino que tiene una filosofía radicalmente diferente. Por un lado, las tiradas son reducidas, sí, pero se apartan de la impresión sobre demanda o de la fanedición tradicionales para añadir un elemento nuevo: la distribución a través de <strong>Amazon.com</strong>. El tiempo dirá si la fórmula funciona y se puede trasplantar al ámbito de la antigua midlist, o bien si queda como una rara avis en estos tiempos inciertos y mutantes que vive el sector editorial. En todo caso, la calidad de la edición es más que digna, claramente superior a la de editoriales pequeñas e incluso medianas (está feo dar nombres, así que los omitiremos), y, pese a ciertos defectos que se han ido solventando en los títulos posteriores de <em>Sportula</em> (líneas viudas y huérfanas, repeticiones de algunas palabras al principio de cada línea, etc.), se puede decir que la calidad de la edición es, como mínimo, digna. Como experimento, está mejor que bien, y como libro, se defiende por sí solo.</p>
<p>Volviendo al párrafo inicial, y adentrándonos ya en el análisis de la novela propiamente dicha, es cierto que <strong>El adepto de la reina</strong> juega en todo momento a ser una mezcla inverosímil pero que funciona, un ejemplo más del mestizaje de este comienzo de siglo. En una entrevista realizada por Julián Díez para <em>Literatura Prospectiva</em>, Rodolfo Martínez reconoce sin empacho que la novela mezcla escenarios históricos de lo más variado y que, por añadidura, se le ocurrió mientras veía la serie <strong>24</strong> y leía una trilogía de fantasía épica. En otra entrevista, aparecida en <em>Fantasymundo.com</em>, Rudy cita una frase de William Gibson, según la cual la cultura del final del siglo XX (y, valdría decir, de principios del siglo XXI) es como un supermercado, en el que vas llevándote cosas de aquí y de allá. En efecto, <strong>El adepto de la reina</strong> se puede leer como una novela de espías de toda la vida, como un <em>thriller</em> político, como un homenaje más que evidente a James Bond, como un <em>steampunk</em>, como una alegoría de la guerra fría, como una fantasia épica y como una posible novela de ciencia ficción con nanotecnología y&#8230; ¿realidad virtual? En ese sentido, lanzaré otra boutade, a ver si alguien me la rebate: El adepto de la reina es a las novelas de James Bond escritas por Ian Fleming lo que las novelas sherlockianas de Rudy eran a las novelas sherlockianas de Arthur Conan Doyle; pero, claro está, con un escenario radicalmente diferente del de la guerra fría de nuestro mundo real.</p>
<p>Para empezar, el mundo no es tal como lo conocemos. ¿Estamos en otro mundo, en un mundo futuro o en una dimensión paralela? No lo sabemos, y seguramente no importe. En todo caso, existe un trasunto clarísimo del Reino Unido, Alboné, cuya capital, Lambodonas, es Londres, y está amenazada por una Bomba de Malas Noticias (bomba atómica) que los Pueblos del Pacto (el Pacto de Varsovia), rivales y archienemigos del Martillo de Dios (la OTAN) han dejado en algún lugar de la ciudad. Por otro lado, la Reina está a punto de renacer, en su décimo séptima reencarnación, pero el proceso es lento, porque el trasplante de un cuerpo a otro se realiza mediante una especie de fruta viviente y adaptable a los deseos de sus anfitriones inteligentes, los carneútiles, y, por otro lado, una de las maneras de dejar fuera de combate a un adepto (espía) del bando contrario es inutilizar los mensajeros que contiene su cuerpo (¿nanotecnología o alma?)&#8230; Bueno, el caso es que durante un par de líneas se ha visto claramente que la novela tiene paralelismos con la Europa de la posguerra y con una novela de James Bond, pero con demasiados elementos demasiado desconcertantes que la convierten en una obra de fantasía, o tal vez de ciencia ficción de futuro remoto, o uno no sabe muy bien. El caso es que funciona.</p>
<p>Frente a la amenaza que crea la Bomba de Malas Noticias, y la irrupción de un tercer contrincante que es un claro trasunto de Spectra, el Adepto Supremo, que a su vez es un claro trasunto del Orson Welles de <strong>El tercer hombre </strong>(y no es el único cameo, o efecto Connery &#8211;nunca mejor dicho, en esta novela&#8211; que aparece en la obra: también se ve a Ian Fleming y muuuuchos de los personajes de sus novelas) deja campar a sus anchas a su mejor adepto (espía), Yáxtor Brandan, la estrella absoluta de la función. El autor ha comentado que su idea original fue retratar a un malo, un villano absoluto, pero convertirlo en el protagonista de la novela. Y lo cierto es que lo consigue. Yáxtor Brandan (cuyas iniciales son casi &#8220;JB&#8221;) es un ser inmoral e inescrupuloso, un asesino implacable a quien ni siquiera el abismo tiene los santos cojones de devolverle la mirada, una mezcla de James Bond con el protagonista de <strong>24</strong>, Jack Bauer (vaya, otro cuyas iniciales son JB), e incluso con lo que debería haber sido Jason Bourne (huuum, demasiados JB) si Eric van Lustbader no hubiera echado a perder el legado de Robert Ludlum.</p>
<p>Pero, al igual que sucede con Jason Bourne, Yáxtor Brandan se va de las manos a sus superiores, y la lía parda. Quiere recordar detalles que antes no le importaban; qué ha sido de su pasado, por ejemplo. Y, de este modo, su historia se convierte en una triple aventura: por un lado, las tramas de espionaje encaminadas a neutralizar la amenaza de la Bomba de Malas Noticias; por otro lado, un viaje a lo largo y ancho del mundo que retrata Rodolfo Martínez (con el añadido de que hay puertas espaciotemporales, lo que amplía notablemente el ámbito geográfico donde transcurre la acción y lo convierte casi en un videojuego), y, en tercer lugar, un viaje iniciático para conocerse a sí mismo, saber de dónde sale, quién es, qué pasó con su padre, y, en resumen, reescribir la historia reciente de su mundo.</p>
<p><strong>El adepto de la reina</strong> es una novela entretenida, aunque dista de ser redonda.  La edición es digna, pero aún le falta para llegar a los estándares profesionales. Tiene algunos altibajos de ritmo. El retrato de personajes es irregular (Brandan tiene demasiado protagonismo, y algunos secundarios parecen bastante desaprovechados). Tal vez cueste un poco entrar en la trama, aclararse en el universo que nos plantea, como un toro que entra al trapo y tarda demasiado en serenarse. El final parece demasiado apresurado. Son objeciones que hacen que el resultado no sea perfecto, pero, en todo caso, no empañan el hecho de que se trata de una obra más que digna, un buen homenaje a las novelas de James Bond, un curiosísimo mejunje de fantasía épica, ciencia ficción, novela de espionajes y prácticamente cualquier cosa que se os ocurra, y, en resumen, uno de los trabajos más sorprendentes que nos ha dado su autor. Puede que no esté a la altura de <strong>La sonrisa del gato</strong> o &#8220;Un jinete solitario&#8221; (en la que Rudy hacía lo mismo que en esta obra, pero con John Le Carré) o las dos primeras novelas sherlockianas, pero lo más probable es que su autor no lo pretendiera. Y, precisamente, esa carencia de pretensiones enriquece el resulado final de <strong>El adepto de la reina</strong>: Rudy ha escrito lo que le ha dado la real gana, consciente de que <em>Sportula</em> no iba a tener la misma difusión que una editorial profesional establecida, y esa frescura repercute, para bien, en el resultado final.</p>
<p style="text-align: right;"><em>© 2010, Juanma Santiago<br />
Reproducido con permiso del autor</em></p>
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		<title>Territorio de pesadumbre (Reseña)</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 04:32:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sportula</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Ignacio Illarregui habla de <strong>Territorio de pesadumbre</strong>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>Ignacio Illarregui</h2>
<p><img class="alignleft" title="Territorio de pesadumbre" src="/wp-content/plugins/items/portadas/grande/pesadumbre.jpg" alt="Territorio de pesadumbre"  height="420" />Escrita por Rodolfo Martínez en uno de sus años &#8220;fecundos&#8221;, <strong>Territorio de pesadumbre</strong> es un claro fruto de estos tiempos en los que todo está inventado. Estamos ante una narración trillada, surgida de un cúmulo de ideas e influencias muy diversas, puestas todas al servicio de una historia que, si se lee con mente abierta, llega a funcionar.</p>
<p>Se inicia como un pastiche a mitad de camino de <strong>Dune</strong>, las historias apocalípticas más clásicas, &#8221;El último castillo&#8221; de JackVance o la recreación de Krypton realizada por John Byrne en sus tebeos de Superman de mediados de los 80. Así seguimos el aprendizaje de un joven heredero de la mano de su padre y un duro instructor; se nos describe un entorno pseudomedieval enclavado en un mundo agonizante después de una violenta catástrofe ecológica; tenemos una sociedad estratificada donde no seguir las normas implica la muerte; existe una extraña amenaza externa que puede arrasar con todo; hay un nido de víboras deseando aprovechar cualquier tropiezo del protagonista para sacarle del cuadro; se hace un curioso y razonable uso de los clones;&#8230; Todo tópico pero bien cocinado, lo suficiente como para que el cliché resulte soportable.</p>
<p>Y de pronto pega un requiebro brutal, de esos que te rompe el manillar, la horquilla y el cuadro entero, para dejarte estupefacto, apuntando en una dirección de la que no se puede hablar mucho para no destrozar su impacto, pero que si se afronta con un mínimo de complicidad y aceptando el envite, siguiendo el camino que el autor recorre, funciona. Fundamentalmente porque aporta al cliché del que hablaba un ingrediente inesperado y, por qué no reconocerlo, valiente. Rodolfo Martínez demuestra que las convenciones de los géneros son sólo eso, convenciones, que están muy bien para saber qué vamos a leer, pero que se pueden (y se deben) forzar; siempre que el autor sea lo suficientemente hábil como para jugar con ellas, como es el caso. Ojo, durante el recorrido se produce algún chirrido y no todos los cabos están convenientemente atados. Pero la textura es luminosa y consistente.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Reproducido con permiso del autor<br />
© 2004, Ignacio Illarregui</em></p>
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		<title>Sobre El sueño del Rey Rojo</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Apr 2010 17:12:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sportula</dc:creator>
				<category><![CDATA[Miscelanea]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Recuperamos el texto de Rodolfo Martínez que sirvió de base para el especial de Cyberdark <a href="http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&#038;cod=379" target="_blank">El año de Martínez</a> y donde habla de <strong>El sueño del Rey Rojo</strong>.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>Rodolfo Martínez</h2>
<p><img class="alignleft" src="/portadas/reyrojo/reyrojo_med.jpg" alt="" width="280" height="406" />Estamos en 1999. Me estoy preparando para una de mis ceremonias anuales: iniciar la redacción de una novela corta con destino al Premio UPC. Tengo algunas ideas en la cabeza, fruto de un intercambio de opiniones que por aquellos días estaba teniendo lugar en <strong>aefcf_cientec</strong>, la lista de correo que la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción mantiene para la discusión de los temas técnicos y científicos. Aquella conversación entre mis contertulios (en la que participé, sin embargo, como un mero espectador) hizo germinar en mi mente dos o tres ideas que parecían bastante prometedoras.</p>
<p>Inicié el trabajo y casi enseguida me di cuenta de que estaba creando, una vez más, una historia <em>cyberpunk</em>. A estas alturas ya debería estar más que resignado y, sin embargo, aún seguía mascullando juramentos entre dientes cada vez que el destino me gastaba la misma broma.</p>
<p>Hace bastante tiempo, a principios de los noventa, había manifestado que el <em>cyberpunk</em> como fórmula literaria estaba muerta y que, si bien había dejado su poso en la rama principal de la ciencia ficción, poco tenía ya que aportar. Afirmaba además que, ni como lector ni como escritor, me interesaba demasiado. Sin embargo, cuando estaba escribiendo <strong>La sonrisa del gato</strong>, que con el tiempo había de ser mi primera novela publicada, no tardé en comprobar, para mi pasmo, que estaba usando buena parte de los clichés e imágenes del <em>cyberpunk</em>. Cuando un año más tarde escribí «Un jinete solitario», traté de no ver que otra vez estaba usando elementos <em>cyberpunks</em> en la historia y, encima, haciendo que fueran elementos importantes de la trama, y no puro decorado. Cuando presenté al UPC mi novela corta «Este relámpago, esta locura» ya era inútil negarlo: el grueso de mi ciencia ficción desde 1994 se componía de literatura claramente <em>cyberpunk</em>.</p>
<p>Así pues, el destino parecía empeñado en hacerme tragar mis palabras y convertirme, a pesar de mí mismo, en el «autor español <em>cyberpunk</em>».</p>
<p>Pero volvamos a 1999: estoy escribiendo lo que más tarde se convertirá en <strong>El sueño del Rey Rojo</strong> pero que ahora mismo es, todavía, «El sueño del Rey Rojo»: no una novela, sino una novela corta con destino al UPC de ese año. La novela gira alrededor de tres personajes que se enfrentan a la trama de un cuarto para apoderarse del mundo (o algo parecido) mientras un quinto planea algo desconocido entre bastidores. Me llevó tres meses de trabajo y, al terminarla, estaba convencido de haber logrado uno de mis mejores textos. Lo corregí, lo imprimí y lo envié al premio UPC.</p>
<p>Y, como siempre ocurre, el jurado y yo no estuvimos de acuerdo. Esto, que puede parecer un mal chiste o un comentario arrogante, no lo es. De todas las veces que me he presentado al UPC, cuando más cerca he estado de ganar («Los celos de Dios» y «El alfabeto del carpintero» como finalistas y «Este relámpago, esta locura» como mención del jurado) ha sido con narraciones de las que no llego a estar del todo satisfecho y que no son lo mejor de mi producción en el terreno de la novela corta. Y, al contrario, las veces que he enviado al UPC mis mejores novelas cortas («Un agujero por donde se cuela la lluvia», «Un jinete solitario» y «El sueño del rey rojo») han pasado totalmente desapercibidas. Así, cuando mejor es una de mis novelas menos probabilidades tiene de llevarse el premio y cuando menos satisfactoria resulta para mí como trabajo literario, más se acerca al galardón.</p>
<p>Poco después, hablando con Julián Díez de «El sueño del Rey Rojo» le dije que, aunque en esos momentos era una novela corta (y bastante corta, apenas rozaba las sesenta páginas) llevaba un tiempo pensando en ampliarla y convertirla en una verdadera novela. Julián se mostró interesado. Se la envié, y, al cabo de un tiempo, me respondió con comentarios bastante elogiosos: me dijo que, sin duda, aún exigía mucho trabajo antes de poder considerarla terminada, pero que en teoría era un trabajo fácil; todo estaba en embrión en la versión corta y lo único que había que hacer era permitir que saliera a la luz. De hecho, Julián me comentó que aquella novelita, una vez alargada convenientemente, podía llegar a ser mi mejor trabajo de ciencia ficción en mucho tiempo. Me sugirió también que se la enviara a Alejo Cuervo, pues creía que el material podía interesarle.</p>
<p>Así lo hice. Y pude comprobar que Julián no se había equivocado. Alejo enseguida vio que de lo que le había enviado podía surgir una buena novela y me dijo que, si yo estaba dispuesto a trabajar en ella, él estaría dispuesto a su vez a publicarla.</p>
<p>Así pasamos los siguientes cuatro años. No de forma ininterrumpida, por supuesto, tanto Alejo como yo teníamos otras preocupaciones y actividades (en mi caso, retomar y finalizar mi novela de fantasía contemporánea <strong>Este incómodo ropaje</strong> -que acabó llamándose, sin embargo, <strong>Los sicarios del cielo</strong>, pero esa es otra historia-, que había iniciado en 1997 y que había abandonado cuando me faltaba poco para llegar a la mitad de la historia; y rematar <strong>Bifrost</strong>, una continuación de <strong>Tierra de Nadie: Jormungand</strong> que al mismo tiempo incorporaba algunas de mi mejores historias de Drímar), pero de un modo u otro, con diversas interrupciones y altos en el camino, Alejo y yo estuvimos implicados entre 1999 y 2003 en la conversión de «El sueño del Rey Rojo» en <strong>El sueño del Rey Rojo</strong>.</p>
<p>Alejo sugería revisiones o posibles ampliaciones de la historia y el entorno. Yo las aceptaba o las discutía. Ocasionalmente una sugerencia de Alejo me arrastraba por un camino lateral y terminaba dando con ideas que ni él ni yo habíamos pensado.</p>
<p>Creo que fue la primera vez que trabajé con lo que los americanos llaman «editor» y que en la jerga editorial española se conoce como «director literario» o algo parecido: una persona con la suficiente paciencia e interés por el texto para sentarse junto al autor (aunque en este caso fuera un «sentarse» metafórico gracias al correo electrónico) y trabajar con él en obtener el mejor texto posible.</p>
<p>Si <strong>El sueño del Rey Rojo</strong> se ha convertido en mi mejor novela de ciencia ficción, con una sensible diferencia de calidad respecto a las anteriores (y yo creo que sí que lo ha hecho) es, por supuesto, gracias al trabajo duro y a un empeño personal en que así fuera. Pero sería un ingrato si no reconociera que también Alejo ha tenido su parte de responsabilidad en el resultado final de la obra: sus sugerencias, nuestras discusiones, su empeño en no dar por terminado aún el texto, en someterlo a nuevas revisiones, su perspicacia a la hora de ver y hacerme ver dónde había contado demasiado y dónde demasiado poco, tienen mucho que ver con que <strong>El sueño del Rey Rojo</strong> sea mi mejor novela de ciencia ficción.</p>
<p>Lo que ya es por completo responsabilidad mía es el hecho de que posiblemente sea una de mis obras más personales, más quizá de lo que lo fueron en su día «Un jinete solitario» o <strong>El abismo te devuelve la mirada</strong> -ahora <strong>El abismo en el espejo</strong>, pero ésa es también otra historia-. Hasta este momento siempre había considerado que esos dos textos eran los que más y mejor me representaban, donde me había «codificado» a mí mismo en mayor profundidad y detalle.</p>
<p>Eso ya no es cierto. En <strong>El sueño del Rey Rojo</strong> hay, convenientemente disfrazado, deformado, a veces troceado, una parte muy importante de mi pasado, de mis culpas, mis errores y mis traiciones; de mis obsesiones, mis sueños, mis esperanzas, mis temores. En cierto modo (aunque supongo que esto sólo me interesa a mí) la novela es un intento de comprender mi propio pasado, aunque para ello haya tenido que deformarlo; un intento de dar con la verdad aunque para ello haya tenido que contar mentiras.</p>
<p>Y, curiosamente para un autor al que se ha acusado varias veces de «no ser un estilista», toda la novela es un <em>tour de force</em> estilístico: a lo largo de sus doscientas páginas he intentado una y otra vez tentar los límites de la narración en primera persona, forzarlos, ver hasta dónde podía llegar, jugando con las personas, los tiempos, los interlocutores. Y, anque suene inmodesto (y claro que lo va a sonar, pero no es que eso me quite el sueño), pocas veces me he sentido tan satisfecho de los resultados. Creo que <strong>El sueño del Rey Rojo</strong> es mi novela mejor escrita, con bastante diferencia. Y al mismo tiempo creo (y sí, lo digo con orgullo, qué demonios) que es una novela en la que el lector no nota lo bien escrita que está: porque el propósito de su estilo no es ni deslumbrar ni epatar ni provocar comentarios admirativos, sino el de narrar, el de contar lo ocurrido de la forma más adecuada y fluida posible.</p>
<p>Con lo que, una vez más, volvemos a lo personal. Porque <strong>El sueño del Rey Rojo</strong> refleja, casi a la perfección, mi concepción del estilo como herramienta, nunca como fin en sí mismo. Y como tal herramienta, creo que pocas veces la he usado con más precisión que en esta novela.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Reproducido con permiso del autor<br />
© 2008, Rodolfo Martínez</em></p>
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		<title>El adepto de la Reina (reseña)</title>
		<link>http://www.sportularium.com/2010/04/12/el-adepto-de-la-reina-resena-2/</link>
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		<pubDate>Mon, 12 Apr 2010 04:25:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sportula</dc:creator>
				<category><![CDATA[El adepto de la Reina]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Santiago Gª Solans comenta <strong>El adepto de la Reina</strong>.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>Santiago Gª Solans</h2>
<p><img class="alignleft" src="/portadas/adeptoreina/eladeptodelareina.jpg" alt="" width="265" height="401" />Es extraño que un autor ya “asentado” en el mercado español ―decir consagrado en el género que nos ocupa es un poco una utopía― se embarque en una aventura como la que ha emprendido Rodolfo Martínez con la edición bajo demanda de su nueva novela, para la que ha creado el sello Sportula, la ha puesto a la venta en Amazon y se ha encomendado en manos de los lectores para que su apuesta sea exitosa y, sobre todo, rentable. En el aspecto formal se echan en falta, tal vez, unas solapas que den más consistencia a la portada/contraportada, y una maquetación ―y reconozco que esto es algo muy subjetivo, cuestión de gustos― más descargada en los principios de cada capítulo ―haber empezado a media página y no desde arriba del todo―; pero, para los que recelan de este tipo de edición, decir que el libro, como mero objeto, resulta agradable de leer, está bien impreso, el papel es más que correcto y, en general, no difiere demasiado de un libro con una tirada grande de imprenta.</p>
<p>Y entrando ya en <strong>El adepto de la Reina</strong> en sí, decir que Rodolfo Martínez ofrece al lector una obra de difícil adscripción genérica. Para mí, se podría definir perfctamente como ciencia ficción por ciertos elementos que luego comentaré, pero es cierto que también se la podría considerar una acertada mezcla entre fantasía y, desde luego, novela es espías ―el propio autor ha reconocido que una de sus mayores influencias, entre otras muchas, al escribirla fue el James Bond de Ian Fleming, y vaya si se nota―.</p>
<p>El autor ha creado un mundo con dos grandes bloques antagónicos enfrentados en una larga Guerra Fría, donde el dominio de la información es uno de los elementos principales del “tablero de batalla”, y donde los espías de ambos lados realizan peligrosas misiones para robar o perpetuar los secretos de cada bando. ¿Estados Unidos y la URSS? No: Los Pueblos del Pacto y el Martillo de Dios. En este mundo hermético y secreto se mueve Yáxtor Brandan, adepto empírico al servicio de la Reina de Alboné, cuando una nueva amenaza, un tercer jugador, es introducida en el tablero y las reglas del juego cambian radicalmente. Yáxtor deberá poner todas sus habilidades, que no son pocas, en resolver el misterio que envuelve a la organización que amenaza con acabar con el futuro de ambos bloques y con el propio mundo por el camino.</p>
<p>¿Y dónde está la ciencia ficción aquí? se preguntarán algunos. Pues en la existencia de unos «mensajeros» que algunas personas portan en y exudan de sus cuerpos para conseguir construir con ellos casi cualquier cosa que se les ocurra, modificar sus propios rasgos, manipular a los que les rodean o crear ciertas herramientas de unas forma que casi parecería mágica, sino fuera ―y conforme avanza la narración la sensación se acentúa cuando el lector descubre su origen― porque huelen por todos lados a nanotecnología de origen desconocido. Existen otros elementos que refuerzan la teoría, pero al ser parte importante de la trama conviene que el lector los vaya descubriendo por si mismo, las pistas desde luego se encuentran ahí y una de las gracias de la narración sin duda es ir rastreándolas, obteniendo las piezas poco a poco para conformar un puzzle que solo al final mostrará la imagen completa ―aunque haya una parte del mismo que quizá permanezca bastante en las sombras―.</p>
<p>De esta forma cuando surge la inesperada amenaza terrorista con una bomba de Malas Noticias ―que vendría a ser el equivalente de una atómica en nuestra mundo― que podría acabar con los mensajeros y como consecuencia con la forma de vida establecida en ambos bloques, Yáxtor será enviado a descubrir quién se encuentra detrás del complot, cuales son sus objetivos y a evitarlos por cualquier medio que se precise.</p>
<p>Es este un mundo que, dada la dependencia de los mensajeros, que permiten obtener casi cualquier cosa que se desee, se ha desarrollado mucho en algunas cosas pero muy poco en otras, sobre todo en lo tecnológico. Así, se produce una extraña y fascinante mezcla entre elementos propiamente medievales con otros que podrían haber sido sacados de nuestro siglo XIX, pasando por otras etapas históricas intermedias hábilmente conjugadas en la narración. La desaparición de los mensajeros podría fácilmente acarrear un retorno a la barbarie, a la oscuridad de la ignorancia, y por eso es tan importante desactivar la amenaza y descubrir por el camino que son y de dónde vienen los propios mensajeros, dado que son un elemento del que dependen vitalmente ambas sociedades, pero que ninguna controla realmente.</p>
<p>En su calidad de adepto de la reina, Yáxtor pondrá en juego sus muy diversas habilidades y su dominio superior sobre los mensajeros, asesinando sin piedad, destruyendo a todo aquel que se interponga en su camino, acostándose con y usando a todas las mujeres que le sirvan para acercarse un poco más a su objetivo ―aunque hay que reconocer que ninguna de las relaciones son gratuitas ni fuera de lugar, todas aportan algo a la trama― y enfrentándose a una organización maligna muy en la línea de los enemigos tradicionales de Bond, James Bond. Para remarcar aún más el parecido ―o el homenaje― este particular espía se encuentra acompañado por un elenco de personajes que incluyen a sus particulares M o Moneypenny, su Q y sus artilugios y gadgets que bajo aparencias inocuas ocultan sorprendentes y normalmente mortales utilidades. Pero que nadie se engañe, Martínez consigue separarse enseguida de la obra de Fleming para ofrecer una historia plenamente original, frenética en muchas ocasiones ―casi demasiado a veces, se habría agradecido cierta introspección, profundidad y descripciones de ciertos parajes― con un trasfondo ciertamente subyugante y una historia que no da respiro al lector. Cabría señalar un cierto abuso de «deus ex machina» que permiten al autor resolver situaciones desesperadas para los protagonistas, algunos saltos sin red y algunos datos que se guarda en la manga para sorprender al lector; pero sin duda se le perdonan vista la calidad y los resultados conseguidos.</p>
<p>A lo largo de la misión, Yáxtor, un personaje que ha olvidado buena parte de su pasado, víctima de una especie de amnesia selectiva, tendrá que enfrentarse a unas revelaciones que le harán cuestionarse su actual existencia, forzándole a madurar de alguna manera y a cambiar su filosofía de la vida conforme una imagen recurrente de una escena que podría ser de su juventud vuelva una y otra vez a su mente para atormentarle. Es muy de agradecer esta evolución en el protagonista ―detalle que le aleja de su reflejo bondiano― que invita además al autor a seguir profundizando en él en posibles futuras continuaciones. La truculencia de las imágenes que asaltan su mente y las reticencias de sus superiores a tratar el tema o el misterio con el que lo envuelven, van preparando el camino para las impactantes revelaciones sobre lo que llevó a Yáxtor a convertirse en la perfecta máquina de matar, amoral y sin escrúpulos, sin remordimientos y casi, se podría decir, sin sentimientos. Además, otros misterios sin resolver, como la identidad del escurridizo “Número Uno”, cabeza oculta de la organización secreta que amenaza la estabilidad mundial y cuyos agentes se autodenominan “espectros”, también podrían llevar fácilmente a esa hipotética segunda parte.</p>
<p>Los elementos diferenciadores se multiplican pronto, desde la propia sociedad en la que se desenvuelven los personajes, una mezcla casi <em>steampunk </em>de antigüedad y modernidad, las posibilidades que dan los mensajeros, la existencia de unos seres llamados «carneútiles» que adaptan sus cuerpos a los deseos de su primer dueño por el que son esclavizados, para servir desde juguetes sexuales a monturas, y que parecen carecer totalmente de voluntad propia, unos portales de transporte que permiten ir de un punto a otro instantáneamente, unos intransitables «bosqueoscuros» hacia dónde la resolución del misterio parece tender y dónde confluirán buena parte de los protagonistas y de los destinos implicados en la narración&#8230; La acción pura da poco tiempo a la reflexión, y las aventuras y las revelaciones sorprendentes se suceden de forma vertiginosa, aunque la novela tiene quizá su principal “pero” en un final un tanto precipitado, dejando sin resolver detalles muy significativos (que es lo que deja al lector con ganas de que Martínez escriba una continuación) que se agradecería hubieran tenido respuesta.</p>
<p>Entre medio, muchos viajes, personajes francamente interesantes, mujeres fatales y despiadadas y otras frágiles que deberán hacerse fuertes ante los golpes de su vida cerca de Yáxtor, aliados que usar y enemigos que eliminar, secretos que desvelar, un pasado misterioso en el que profundizar, y una amenaza que combatir con todas las armas que se tengan a mano. <strong>El adepto de la Reina</strong> es francamente entretenido. Tal vez sea literatura de evasión, un pasapáginas frenético, un libro palomitero donde los haya, pero todo ello con una calidad más que remarcable. Con el estilo característico del autor, con una muy buena y agradable escritura, sin florituras innecesarias, pero con el necesario buen hacer literario, con una fluidez encomiable, con una historia que atrapa&#8230;, sin duda este es un libro recomendable para cualquier amante de la buena aventura, de las historias de espías con un toque diferente, de las conspiraciones y las organizaciones de supervillanos a nivel mundial. Ha llegado un antihéroe llamado Brandan, Yáxtor Brandan, y ojalá la aventura editorial de su autor sea un éxito y este particular agente secreto vuelva pronto para quedarse. Yo al menos lo estaré esperando.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Reproducido con permiso del autor.<br />
Publicado originalmente en <a href="http://sagacomic.blogspot.com/2010/02/resena-el-adepto-de-la-reina.html" target="_blank">Lothlorien</a><br />
© 2010, Santiago Gª Solans</em></p>
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		<title>El sueño del Rey Rojo (reseña)</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Apr 2010 05:57:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sportula</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Sergio Gaut vel Hartman habla de <strong>El sueño del Rey Rojo</strong> y analiza las principales características de esta novela de Rodolfo Martínez, premio Ignotus 2005.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>Sergio Gaut vel Hartman</h2>
<p><strong><img class="alignleft" src="/portadas/reyrojo/reyrojo_med.jpg" alt="" width="280" height="406" />El Sueño del Rey Rojo</strong> es una novela  del asturiano Rodolfo Martínez, un escritor muy conocido en España que, por culpa de los azares de la distribución comercial es ignorado, hasta ahora, fuera de ese país. Este libro aparece en un momento en que los escritores que se expresan en castellano parecen haber perdido el miedo a exhibir sus puntos de vista y se animan a crear sus ficciones a partir de problemáticas y necesidades propias.</p>
<p>Tal vez esto sea consecuencia de que han comenzado a descubrir que los fenómenos derivados de la tecnología les ocurren y afectan como a cualquier hijo de vecino que vive en New York, Londres o Tokio. Es que si bien los del Mundo Rico nos siguen llevando ventaja (y también a los españoles, aunque quizás un poco menos) en lo que a disponibilidad y manejo de tecnología se refiere, el modo en que esa tecnología se mete en la vida diaria de cualquiera se ha globalizado y uniformado gracias a la Red, a las comunicaciones  casi instantáneas y a la puesta en simultáneo de casi cualquier hecho que ocurre en el planeta Tierra y sus vecindades.</p>
<p>En la novela de Rodolfo Martínez, ciencia ficción con todas las letras, no se percibe la distancia que ha desalentado a nuestro público y lo ha hecho preferir la ciencia ficción anglosajona a la hispana, presumiblemente porque la de ellos, en especial cuando hablamos de ciencia ficción en sentido estricto, resulta mucho más verosímil y convincente.</p>
<p>No es el caso. <strong>El sueño del Rey Rojo</strong> recurre a elementos de la novela policial para hacer progresar una típica trama de ciencia ficción que gira en torno a tres personajes bien peculiares. Álex es un <em>hacker </em>lisiado (ha perdido las dos piernas en un accidente y se niega a utilizar prótesis por razones que se explican  oportunamente y no conviene revelar aquí) que disfruta/padece su relación con Andrea, una especie de entrometida profesional (o <em>amateur</em>, eso no queda claro) que ha encontrado un disco con un patrón para crear una inteligencia artificial en el bolsillo de un muerto sin identidad. Tal vez se trata del mismo patrón que Álex utilizó para crear una inteligencia artificial, la de Lúrquer, el ex-amante de Andrea (ex porque está muerto; aunque no tan ex, habida cuenta de que la entidad autónoma llamada Lúrquer es el tercer lado de un triángulo).</p>
<p>Tampoco quedan demasiado claras las razones por las que Lúrquer se ha suicidado a poco de &#8220;nacer&#8221; a la vida virtual, pero eso pasa a segundo plano porque la exploración de las posibilidades que ofrece la Red como espacio para jugar a las manipulaciones es ilimitado. Álex tiene en mente vengarse del Lúrquer original sometiendo a la IA que ha creado y a la vez conquistar a Andrea. Pero la chica no parece interesada en permitir que su relación con Álex evolucione. Los complejos sentimientos del <em>hacker </em>lisiado ocupan buena parte de la trama y sirven de sistema nervioso a las acciones que movilizan a los personajes. El problema es que Álex no puede controlar como desearía a Andrea, que no sólo goza de la posibilidad de moverse, entrar y salir a su antojo de donde se le ocurre —facultad de la que Álex carece, claro—, sino que además es indomable en el plano psicológico y absolutamente temeraria.</p>
<p>Largos párrafos de la novela están narrados en segunda persona, un detalle poco común. Álex le habla al Lúrquer virtual utilizando ese procedimiento, y es como si los lectores fuéramos los espectadores involuntarios de una conversación privada. Eso le confiere al texto un tono muy especial que potencia los intentos de los personajes por desentrañar un misterio sumamente espinoso. Los indicios le son suministrados al lector con cuentagotas y el manipulador en las sombras, el titiritero que juega o parece jugar su juego de ajedrez del otro lado del espejo, sólo aparece sobre el final y apenas para suministrar respuestas que conducen a nuevas preguntas.</p>
<p>Las menciones a Alicia y Lewis Carroll son intencionadas y para nada antojadizas, en especial porque la impotencia y la parálisis signan en gran medida la acción &#8220;interior&#8221; de la novela con una lógica muy similar a la de los sueños. Y Martínez ha elegido personajes obsesivos y complejos porque son los que mejor se adecuan al viaje a zonas desconocidas y misteriosas que nos ha propuesto, tortuosas, tensas, densas.</p>
<p><strong>El Sueño del Rey Rojo</strong> no es una novela perfecta. Tal vez se le podría haber recortado alguna morosidad narrativa y la reiterada aclaración de ciertos rasgos de la personalidad de Álex. Pero vuelvo al punto de partida: el mérito de haber escrito sin complejos un tema próximo al mal llamado <em>cyberpunk</em>, evitando a la vez caer en la trampa de la imitación o el remedo para agradar al lector, me exime de buscarle la quinta pata al gato. Sólo cabe esperar que me pueda hacer con otras novelas de Martínez, en especial las muy elogiadas <strong>La sonrisa del gato</strong> y <strong>Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos</strong>.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Reproducido con permiso del autor.<br />
© 2006, Sergio Gaut vel Hartman</em></p>
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		<title>El adepto de la Reina (reseña)</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Apr 2010 14:51:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sportula</dc:creator>
				<category><![CDATA[El adepto de la Reina]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Chemari-wan nos cuenta sus impresiones de <strong>El adepto de la Reina</strong>, la primera novela de Rodolfo Martínez publicada por Sportula.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>por Chemari-wan</h2>
<p><img class="alignleft" src="/portadas/adeptoreina/eladeptodelareina.jpg" alt="" width="265" height="401" />Me gustan los libros de Rodolfo. Sus novelas de Sherlok Holmes son casi un fetiche para mí. De ahí que atacara a este <strong>Adepto de la Reina</strong> con más ganas de las normales. ¿Qué me encontré? Pues un Rodolfo Martínez que no conocía. Bueno, sí, pero estaba un poco cambiado.</p>
<p>Al Sr. Martínez se le reconoce por su estilo claro y divertido, adictivo; y por su personal mezcla de géneros, <em>cocktail </em>de la casa. Ahora toca una de Holmes y mitos lovecraftianos, ahora uno de fantasía medieval y peli de espías. Y de eso va este libro, de un misterioso agente secreto, un 007 medieval en medio de una guerra fría entre bloques y donde buscará respuestas a preguntas de su pasado y a preguntas sobre el futuro de su mundo.</p>
<p>Sin escrúpulos, eficiente, Yáxtor es el mejor agente al servicio de su majestad y junto a él nos adentraremos en un mundo del que Rodolfo Martínez sólo nos dejará entrever destellos de magia e historias maravillosas y enormes que dan a su nuevo mundo una solided envidiable.</p>
<p>Al comenzar el libro el lector se sentirá un poco perdido, aturdido por nuevos conceptos y una herencia histórica totalemente novedosa. Ese desconcierto inicial pronto se verá sustituido por unas ganas terribles de saber más sobre ese mundo tan parecido (y distinto) al nuestro. La novela es una sucesión de aventuras con toques de misterio que se sostiene sobre un mundo sólido que dan ganas de explorar, y que se articula sobre un puñado de personajes bien construidos, que en pocas páginas se nos harán entrañables. Bueno, todos menos nuestro protagonista: frío, calculador, inmisericorde&#8230; Inhumano. Os caerá bien. Imagino que es lo que tiene ser agente secreto: ser letal encaja mal con ser sociable. La historia principal es un bólido a la carrera, una bala que atraviesa una aventura tras otra hasta que termina por impactar contra una gran pregunta final. Si durante la lectura a uno ya le van entrando ganas de explorar este universo, el final sólo te deja una terrible desesperación por volver a él.</p>
<p>Desde aquí: Rodolfo, quiero más. Espero con ganas otro billete a este mundo que has creado. Busco respuestas para esas preguntas que has dejado sobre la mesa.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Publicado originalmente en <a href="http://guardiandelcapitulo.blogspot.com/2010/02/el-adepto-de-la-reina-de-rodolfo.html" target="_blank">El guardián del capítulo</a>.<br />
Reproducido con permiso del autor.<br />
© 2010, Chemari-wan</em></p>
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